EL ANTIFAZ, de Bernardo Armus *


Le pedí que se sacara el antifaz; no quiso. Seguimos bailando abrazados, cada vez más juntos, cuerpo a cuerpo, apretados. No hablamos. Ella podía mirarme, ver en mis ojos el deseo. Yo no la podía ver como quería.
Pensé arrancarle el antifaz, pero no, hubiera sido una agresión. Opté por esperar.  Adiós, decía mi fantasma. Sin esperanza continué aferrado a su cuerpo. Seguimos bailando fuertemente abrazados, susurrándonos al oído, diciéndonos cosas, y mi impaciencia le pidió que saliéramos del salón en busca de privacidad. Sin respuesta, volví a implorarle se sacara el antifaz. Nada.
Mi imaginación vio unos enormes y hermosos ojos azules que impulsaron mi fantasía  para soñar por un momento un rostro bellísimo dando color a sus rasgos.
Le pedí amor, que nos miráramos sin escondernos. Pensé cuán amarga es la primera noche en que te enamoras y no tienes respuesta. Persistí en mis ruegos, y en silencio nos retiramos del salón. Juntos caminamos en busca del amor y después, sin haberse quitado el antifaz, sin haber podido ver sus ojos, huyó sin palabras.
La seguí ciego bajo la lluvia, como un espectro fascinante sin esperanza de volver a vivir ese primer encuentro, aun cuando fue nada más que una primera y única noche.  Quería poseerla y comprobé cuánto esfuerzo demanda mi deseo… y entonces volví a preguntarme ¿por qué toda primera noche es amarga?

* Trabajo realizado a partir de tres versos del poema “São Paulo revisited” de Mario Trejo


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