DORMIR de Matías Lago

No sé cómo pude, pero después de haber discutido durante horas,  ya consciente de que esa sería nuestra última noche juntos, caí a plomo sobre la cama y me dormí al instante. Quizás fuera por el agotamiento de experimentar tantas emociones juntas, o por la tranquilidad que me produjo saber que estábamos tomando la decisión correcta; pero lo cierto es que no recuerdo haber  dormido tan profundamente nunca antes.
No soñé nada, o al menos no  recuerdo ningún sueño. Dicen, no sé quién ni con qué fundamentos, que siempre se sueña algo por más que uno no lo recuerde. Si esto es verdad, me gustaría creer que soñé con ella, que estuvimos juntos en mi sueño, como estaban nuestros cuerpos ya ajenos sobre el colchón. 
El olor a café recién molido me devolvió al mundo a media mañana.  Tardé varios minutos en tomar conciencia de lo que había pasado. Fue en ese momento, al recobrar la lucidez, que el aroma del café se me antojó más intenso, como si yo, consciente de lo efímero de ese desayuno que íbamos a compartir, quisiera conservar ese olor en mi memoria para siempre.
Me vestí y fui hasta la cocina. Allí estaban las tostadas de siempre, la manteca, la mermelada, la mesa puesta como siempre, pero no ella. O mejor dicho, estaba allí su cuerpo, yendo y viniendo desde la mesada a la mesa, bebiendo el café, pero ella no estaba, no conmigo.
Sin emitir palabra, terminó su desayuno y prendió un cigarrillo. La miré fumar, en calma, pensando en cuánto de mí se iba con ella,  tratando de ver sus ojos, de encontrarme en su mirada y saber que allí estábamos, que seguíamos existiendo a pesar de todo, pero me negó sus ojos.
No recuerdo nada más, solo que se puso su campera y se colgó la cartera. Después nada.

Al volver en mí, todo era rojo. Rojas las sábanas. Rojas mis manos. Su cuerpo, rojo, descansaba inerte junto al mío sobre la cama que habíamos compartido tantas noches. Yo, boca arriba sobre el colchón empapado, esperaba la llegada de la policía, concentrando todos mis esfuerzos en memorizar ese sentir su cuerpo junto al mío por última vez.
Cómo fue que ocurrió todo no lo recuerdo. Me enteré al mismo tiempo que los demás, al leer los diarios. Supongo que debe haber pasado tal cual dijeron peritos y psiquiatras. En todo caso ya no importa, es imposible volver atrás. Solo sé que ella ya no está y que yo no volveré a dormir jamás.

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